viernes, 23 de marzo de 2012
Con ese cielo crepuscular en el que aun no logro discernir si es de día o de noche sobre nosotros, sentados en la húmeda hierva y de fondo las risas constante de los niños.
Dices-¡quiero tu alma!-con esa voz casi mágica
- no tengo -respondo sin demasiadas ganas
-Claro, eso es por que ya la tengo yo-en tu rostro esa sonrisa
yo también sonrió- lo se- y lo dije en serio
Con esas simples frases haces que olvide el hastió de los días



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